Lo que se dice

7 sept. 2007

Drácula era mujer



Raymond McNally tituló la biografía de Elizabeth Báthory Drácula era mujer y qué razón tenía. Ésta aristócrata ha pasado a la historia por una supuesta serie de crímenes vinculados con la obsesión por la belleza que le han valido el sobrenombre de "la Condesa Sangrienta". No obstante, numerosos historiadores contemporáneos consideran que estos crímenes pudieron ser invenciones de sus enemigos en un contexto político muy complejo para buscar su perdición y muerte, como así ocurrió. Que cada cual opine lo que quiera.

Después de su muerte, la condesa Báthory forjó un mito de sangre. Según la leyenda, la Báthory empleó ríos de sangre de doncellas como fuente de juventud. No obstante su biografía no carece de aspectos singulares que relataremos a continuación.

Nació en 1560 en el seno de una de las familias húngaras más poderosas y distinguidas de aquella época; por ironías del destino, lejanos lazos de sangre la emparentaban con la casa de los Drácula. Elizabeth se casó con Ferenc Nádasdy, hijo de otra familia noble húngara que más tarde adoptó el apodo de "el Caballero Negro", era un guerrero cruel y en las campañas contra los turcos sentía gran placer torturando a los prisioneros. Se dice que fue él quien enseñó algunas técnicas de tortura a su esposa.


No obstante, Elizabeth sólo materializó sin cortapisas sus violentas fantasías sexuales después de la muerte de su marido en el año 1604. Dirigía su sadismo exclusivamente contra las doncellas o mujeres jóvenes de su entorno próximo. Prueba de ello es que le agradaba morder a sus sirvientas y desgarrarles la carne de los huesos. Uno de sus apodos era "la Tigresa de Cachtice", que era el nombre del castillo en el que moraba normalmente. Además practicaba con fruición distintos y crueles métodos de tortura. Elizabeth clavaba sus uñas en el cuerpo de sus sirvientas y colocaba monedas candentes bajo las uñas de sus dedos o llaves ardientes en sus manos. En invierno, mandaba arrojar a las muchachas afuera cuando había nevado y empaparlas con agua fría para que se helaran.


Las víctimas de la Báthory, que posiblemente rondaran la centena, eran exclusivamente de su propio sexo, por lo que es presumible que la condesa sanguinaria tuviera inclinaciones homosexuales. En sus relaciones con la servidumbre adoptaba el papel de una superiora cruel y despiadada. Aun cuando no consta que se bañara en sangre de muchachas vírgenes, como posteriormente se difundió el mito de la Báthory, sin duda la sangre ejercía sobre ella un fuerte y embriagador efecto.


A pesar de sus espantosos crímenes, que difícilmente permanecían ocultos, la condesa sanguinaria pudo hacer de las suyas durante un tiempo nada desdeñable, ya que era noble Con los cadáveres, Elizabeth actuaba con un absoluto descuido. A menudo, los escondía debajo de las camas y más tarde sus sirvientes los arrojaban a los campos cercanos. Como los cadáveres estaban completamente ensangrentados a causa de las torturas que la condesa infligía a las víctimas, no es sorprendente que entre los campesinos surgiera la creencia en los vampiros.


Pero todo tiene su fin. En este caso, la causa de su perdición fue que un día ya no le bastaron las simples sirvientas como víctimas de sus fechorías y empezó a reclamar jóvenes nobles para sus sádicos juegos nocturnos. En 1611, fue procesada, pero consiguió librarse de la pena de muerte. Mientras todos sus cómplices, tras ser torturados, fueron quemados vivos en la hoguera, ella fue tratada con más indulgencia. Se ordenó que fuera encerrada en su alcoba del castillo de Cachtice y que se tapiaran las ventanas.


Castillo de Cachtice:



En medio del odio generalizado de su entorno y despojada de sus joyas y vestidos, la espigada viuda pasó los últimos años de su extrema vida en una oscura habitación, hasta morir en el año 1614, a los 54 años. La comida se le introducía por un pequeño ventanuco que había en el castillo.


Tras su tortuoso deceso se expandió con la mayor fluidez una ola de rumores y mitos que terminaron por mitificar la imagen de la condesa asociándola incluso con prácticas antropófagas.


Ventanuco por el que se le introducía la comida:


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